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sábado, 27 de junio de 2009

Amarte por siempre



Pues sí, era yo quien te estaba observando mientras, sentada en el borde de tu cama, pasabas la crema en tus pies. Sólo te diste cuenta cuanto levantaste los ojos y los clavaste en los míos. Esos, tus ojos, de mirada dulce, muy dulce pero abrasadora. Y mientras miraba tu hermosura pensaba cuanto me hubiera gustado ser yo quien te pasara la crema. Y tu te diste cuenta y sutilmente, tus ojos me invitaron a hacerlo. Lo hice y noté tu estremecimiento, el cual hice mío. Y eso siempre lo haré aunque a veces no te des cuenta de ello, aunque te quieras alejar, pues de una forma u otra siempre estaré en ti, en tus pensamientos, en tu quehacer diario, en tus momentos de relax o de trabajo, en tus momentos de esparcimiento junto a tus amigos. Y entre ellos, sin que nadie se de cuenta, me verás.
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Me provoca tu mirada, tu ternura, tu forma de ser, el sonido de tu voz... tu interior. Tus sentimientos son nobles, tiernos, sublimes.
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Pero noto con tristeza que te vas, que quieres apartarme de tu mente. Quizás me ames como yo lo hago, no lo sé, aunque aparentas sólo quererme pero deseas inconscientemente que me acerque. Cuando estoy me apartas todo lo que puedes, pero cuando me aparto te inquietas.
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A veces, cuando te alejas, divago por esos caminos que tiene la vida, quienes me encierran y me atrapan. Entonces miro al cielo y el gris plomo de tu ausencia está conmigo. La tristeza me embarga cuando tu no estás y el llanto silencioso me acompaña, aunque en lo mas profundo de mi ser sé que regresarás.
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Pensándote, te he pintado de mil maneras diferentes. Te he pintado en todas las estaciones del año. Vaya donde vaya, al campo, al mar, caminando sin rumbo fijo, siempre estás, reflejando tu espíritu de vida como reflejaste en mi interior la semilla del amor que brotó un día, y que fue creciendo cada día más hasta volverte indispensable.
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Ha llegado el invierno amor y todo se viste de gris, pero el sol y el calor de tu belleza lo plasmo en mi mente constantemente y eso hace que el frío en mi interior no sea tanto. Mis manos no se cansan por sostener tus tiempos en mi mente y en mi corazón.
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Rugen las olas del mar. Está bravo y me acongojo. Entre ellas y la niebla creo ver tus ojos y los míos brillan con la esperanza. Las gaviotas se oyen a lo lejos, que murmuran celos. A lo lejos se escuchan ¿Las oyes?
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Cuando llegue a puerto seguro encenderé los leños... esos, que pusiste antes de irte dejando en ellos la esperanza. Quiero calentar el frío que ha quedado con tu ausencia. Descanso junto al fuego y dentro de mi corazón siento que el invierno no será mi frío, pues tu amor será al fin mi refugio que tanto deseo y entonces, pintaré tus manos con las que me acaricias, y pintaré tu amor hasta el desvelo.
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¿Mi vida? No conocía el significado de esa palabra hasta que te adentraste en ella. Ahora estoy desorientado, porque me hiciste conocerla en profundidad pero sin ti estoy solo ¿Y sabes? Tengo celos del viento que acaricia tus cabellos, tengo celos de otros ojos que te miran, del agua que riega tus labios, acaricia tus hombros y tus senos. De la noche que abriga tu ser. De tus sueños, del sol que abraza tu cuerpo. De tus ansias de amor. De las estrellas que te miran, sin querer ¿Recuerdas nuestras estrellas?
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Mis sentimientos son más grandes que un te quiero, mucho más... ya pasaron de un te quiero... ya pasaron al amor ¿Y por qué? Porque tienes un interior demasiado bello, sensible, delicado, sano y me lo has abierto a mí muchas veces. Pero además de tu interior, eres hermosa para mí... tus ojos, tu mirada, tu boca, el sonido de tu voz, la manera de acariciar mis manos. Y yo hago de todo esto un conjunto armonioso... porque estás compuesta como todos, de tu interior y de tu exterior. Pero tu interior es mucho más importante para mí, porque es lo que te hace mujer y mujer te quiero. Yo sé que lo tuyo no es amor pero no importa... yo te seguiré esperando hasta mi muerte. Te amo demasiado y nadie, pero nadie, podrá prohibirme amarte como lo siento.


Armando Maronese
Publicado por Armando Maronese; sábado, 27 de junio de 2009


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viernes, 22 de mayo de 2009

El motivo y el por qué



Querer es un sentimiento del alma, estoy de acuerdo y eso nos une a otro ser. Pero amar es diferente al querer. Claro que no condiciono el amor por un para qué.

Pero eso sí. Cuando uno quiere es por algo y siempre hay un porqué. No un para qué. Sí hay un porqué y también un motivo.


No hablemos de amar... simplemente de querer. El motivo: Cuando quiero a alguien es porque lo siento y si lo siento es porque ese alguien me quiere, o me abre su alma o corazón. O simplemente tenemos afinidad. El por qué: Es porque mi corazón así lo siente. Simplemente. Hay un porqué y un motivo.

Yo tampoco condiciono mi amor a un para qué, pero sí a un por qué y a un motivo. En mi vida muchas veces lo he explicado. No es tan fácil como el decir: te quiero y punto. Si uno quiere, es porque nace un sentimiento por algo y ese algo es grande. Tan grande que a veces puede hacer perder la cabeza.

Yo no creo en las personas duras a las cuales les rebotan todas las balas en su coraza. No. Si así fueran no tendrían corazón... no tendrían esas fibras que vibran. Y que hermoso es cuando vibran. Que uno se quiera hacer pasar por una de esas personas duras es otra cosa o que haga esfuerzos para serlo. Pero que feo que es.

Diferente es cuando uno quiere a otro, pero de pronto aparece otra persona en su vida y ya no sabe que hacer con la que quería primero. La quiere sí, pero en una escala de valores un poco menor, pero eso no significa que la deje de querer. La superación de alguien por otro es algo que sucede muy a menudo en la vida. A veces la transición es simple, pero otras veces causa dolor.

Pero aunque hay transiciones simples y también dolorosas, estas últimas son las más frecuentes. Pero ello no quita que la persona que ha sido relegada en un peldaño en la escala de valores, deje en el otro corazón cosas hermosas que resultan indelebles, quizás de por vida. Aún con el paso del tiempo perdurarán y en cualquier momento aflorarán. Puede ser viendo una flor, leyendo cierto poema, mirando el mar o pasando por el campo o el olor a hierba recién cortada. Puede ser también por un simple pensamiento, que hará aflorar cosas hermosas vividas. Como el recordar unos ojos, una boca, unas manos, una voz o una risa.

La vida tiene esas cosas. Muy pocas cosas son fijas y ello es una verdadera pena, por lo menos para mí, claro. Todo depende de la forma como se piense, como se ame o la presencia de otras personas que pueden aparecer así como así en la vida de cada uno.

Pero así se dan las cosas. Unos sonríen, gozan, son felices, mientras a otros se les dio vuelta el mundo y ya no sonríen, ni gozan y pasan a ser infelices y a sufrir.

Yo siempre dije que la persona que ama, siempre sufrirá en algún momento determinado de su vida. Los momentos que tiene la vida son muy cambiantes, ya que están expuestos a muchas cosas.

Pero caramba, ya me puse a divagar como un verdadero idealista. Pero releyendo lo que escribí en las hojas viejas de este cuaderno, veo que me sirve para un artículo y seguro que lo publicaré uno de estos días. Total, no he cambiado opiniones sobre el mismo y todo nació de mi mente soñadora. La perpetua mente soñadora de mi ser. Sé... estoy casi seguro, que aún en los últimos momentos de mi vida, estaré diciendo algo que nacerá en mi mente y seguramente será algo sobre el amor. Así soy yo. Así nací y así moriré. En esta vejez que ya tengo, nadie me va a cambiar y nadie lo hará porque el amor es así, grande, hermoso, luminoso. Por el amor nacemos, por el amor vivimos y aún por el amor morimos.

Lo que sí puedo decir, es que a medida que pasan los años y uno se va adentrando en esa etapa de la vida en la cual ya no le sirve a nadie para amarlo, esa etapa justamente hasta su ocaso, es donde el hombre más comprende al amor. Más lo siente y lo valora, mucho más que un joven ¿El motivo? Es simple. Ama al amor y lo comprende y esto sucede porque lo analiza y por fin se da cuenta -cuando ya es tarde-, que el amor es lo más valioso que una persona pueda tener en su vida. Unos se dan cuenta en esta etapa de su vida, pero yo tuve la suerte de comprenderlo bastante tiempo antes. Quizás haya sido porque he escrito sobre el amor, porque así lo he sentido. Uno no puede escribir sobre el amor sin comprenderlo y yo escribí durante toda mi vida. Tuve mucha suerte y agradezco a Dios por ello.

Gracias Dios mío por haberme dado la facilidad de escribir poemas, de sentirlos en el fondo de mi corazón. Y hablando de poemas, una querida amiga me hizo resaltar y recordar una frase mía de una prosa que dice: el poema más hermoso no tiene voz ni forma. Es el que cada uno siente en el fondo de su alma, pero el poema más hermoso es el que sabe llegar al alma."


Armando Maronese
2009/05/22
Publicado por Armando Maronese; viernes, 22 de mayo de 2009


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martes, 31 de marzo de 2009

La mujer y los poemas



La mujer... ese ser misterioso y maravilloso. Nadie ni nada le gana a esa bella, armoniosa y misteriosa composición.

Por cada hombre, le corresponde una mujer, y por cada una de ella existe una hermosa prosa viviente. Por cada prosa, un verso. Por cada verso, un suspiro y por cada suspiro, un hombre enamorado.

Pero ¿Cuál es el mejor poema para ella? No hay ninguno específico pero, sin dudas, es aquel que brota del corazón y acaricia la boca al recitarlo y hace volar los sentidos al pensarlo.

Es la respiración del ser amado, el canto de un pájaro, el sonido del romper de una ola en un mar calmo, el silencio del campo.

El poema más hermoso no tiene voz ni forma. Es el que cada uno siente en el fondo de su alma, pero el poema más hermoso es el que sabe llegar al alma.


Armando Maronese
2008/03/03
Publicado por Armando Maronese; martes, 31 de marzo de 2009


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lunes, 30 de marzo de 2009

Cuerpo y alma de mujer



Desnudar a una mujer, es un nido de emociones que no se verá a través de su piel, ya que es una geografía que se admirará sin llegar a su esencia, si ella no lo quiere.

Si se quiere desnudar a una mujer, nunca se logrará. Se hará sí, con su vestimenta, pero nada más. Se verá su cuerpo, se verá su hermosa piel, se verá su sexo, pero no más de ahí.

Por eso desnudar una mujer, no alcanza para descubrir su mundo secreto y lo más probable, por no decir lo más seguro, es que sus ojos cuenten mucho más de lo que se quiere saber. Cuando sus ojos miran fijamente, dicen muchas cosas y como seguramente uno mirará su cuerpo, ni cuenta se dará lo que sus ojos están diciendo.

Ella sabe que para llegar a su alma, se deberá mirar con mucha más paciencia, pues aun desnuda, estará vestida de pleno misterio. El fuego de su interior, sólo se conocerá mirando su corazón a través de sus ojos, y aún sin ropas, no nos pertenecerá.

Al desnudar a una mujer, nunca se logrará quitarle su mejor prenda…el pudor. Miraremos su cuerpo esbelto, hermoso... su piel, pero debemos aprender que no existe seda que supere su piel, ni tela que pueda esconder su encanto.

Si supiéramos lo que significa desnudar a una mujer... Desnudar a una mujer, es como quitarle los pétalos a una flor. Es llegar hasta la puerta de los sentidos y caer de rodillas ante el altar sagrado de su fuente de vida.

Pero nunca debemos dejar de recordar… que aún sigue sin pertenecernos. No es de esa forma como conoceremos su cielo. Tal vez conozcamos algo del nuestro, pero no el de ella. Con ella puede el artista, olvidar por completo lo que es una línea recta y naufragar en un mar ondulado de luces y sombras.

Si esa mujer nos mira profundo, no es que quiera hacernos un regalo a nuestros ojos. Lo que quiere hacer, y de eso se trata, es un regalo para nuestra alma. Sin lujuria, sin morbosidad, ni dobles mensajes. Cuando ella lo quiera nos dará lo que queremos, pero nunca su pleno interior, pues esa mujer es el misterio más grande de este mundo.

Es miel, es rocío, es frutas, es aromas y sabores. Es la mejor obra de arte de Dios en este mundo y llevada a la pintura, a la fotografía y a la escultura. Es lo que mueve al mundo y nuestra inspiración nace de ella.

Además, la mujer piensa con el corazón, actúa por la emoción y vence por el amor. Que tiene emociones y transmite cada una de ellas con una sola mirada.

¿Quién entiende a la mujer? Esa es la pregunta más repetida por los hombres y a la cual muy pocos tienen acceso... a la verdadera respuesta. Un ser superficialmente frágil, pero con un misterio infranqueable por dentro. ¿Qué esconden ellas detrás del rubí y del delineador?

Nunca nos debemos preguntar quien entiende a la mujer. Sólo podremos entender de ella lo que nos transmitan sus ojos. La mentalidad de la mujer es infinitamente impredecible e inentendible.

Toda una corriente machista se evapora con esa pregunta. Quizás en la mesa del bar, aún quedará solito ese muchacho que no se cansa de repetir una y otra vez que ellas no ocultan nada y que son fáciles para todo aquel que sabe comprenderlas. Lo cierto es que siendo la mujer tan bella, el hecho de que sea impredecible, la hace más hermosa aún.

Es el misterio de ser mujer. La mujer tiene la misma dignidad del hombre, más tiene características específicas que hacen de la mujer, mujer.

En lo general la mujer es bondadosa, perseverante, con deseos de ser sostenida y acompañada, con deseos de seguridad y de evitar riesgos; su máximo es amar y sentirse amada.

En lo físico, la mujer está hecha para conservar la vida, recogerla, hacerla germinar, florecerla, perfeccionarla. Posee instinto maternal y cuidado directo de los hijos, mayor sensibilidad a estímulos afectivos, voz de timbre agudo, complexión fina.

En el ámbito sensitivo, la mujer es afectuosa con deseo de ser cortejada, capta lo particular, los detalles, lo pequeño, lo próximo.

En el ámbito cognoscitivo, la mujer predomina la captación por los sentidos, la intuición, tiende a lo subjetivo y personal, fija su atención en lo concreto, su pensamiento es profundo, vive de experiencias.

En el ámbito de la voluntad, la mujer es movida por la compasión y la misericordia. Se le convence llegándole al corazón, vive por algo, se enfrenta con gran resistencia al sufrimiento.

En el ámbito religioso, la mujer siente más a Dios, ora con el corazón, es piadosa.

En el aspecto moral, es suave, tierna, apegada a sus principios, atenta, dócil, compasiva.

Esto predomina en la mujer por ser mujer. Ella cultiva y hace florecer, lo que se encuentra en lo más íntimo de la belleza de aquella criatura capaz de dar la vida.

Debemos recordar por todos los días de nuestras vidas. Ser mujer es algo bello, sorprendente, complicado y confuso. Y es bello porque es como un poema que sólo puede leerse con el corazón. Es sorprendente, complicado y confuso porque las mujeres fueron hechas para ser amadas más que para ser comprendidas, pero si queremos comprenderlas: las deberemos amar.

Existe entre la mujer y el hombre una diferencia muy grande. La mujer es otro mundo del mundo del varón. Éste no la puede comprender diáfanamente. Ella es algo vaporoso, delicado, una ilusión, un sueño.

La mujer no es inferior al hombre. La mujer no es superior al hombre. La mujer es igual en todo al hombre. ¿Qué es la mujer? Simplemente, es distinta al hombre.

La mujer ha de ser eso. Mujer, y ha de cumplir su destino femenino en la sociedad, en la humanidad y en el universo.

El ser mujer es un misterio por excelencia, por eso la mujer es un enigma para el hombre.

El hombre en su expresión general, es la más elevada de las criaturas. La mujer, el más sublime de los ideales. La Mujer es Tesoro incomparable, porque su estima sobrepasa largamente al de las piedras preciosas.

El corazón de un hombre está en ella confiado y no carecerá de ganancia. Le da ella bien y no mal todos los días de su vida. Busca lana y lino y con voluntad trabaja con sus manos. Es como nave de mercader que trae su pan de lejos.

Considera la heredad y la compra y planta viña del fruto de sus manos. Ciñe de fuerza su espalda y refuerza sus brazos. Ve que van bien sus negocios, pero su lámpara no se apaga de noche. Aplica su mano al huso y sus manos a la rueca.

Dios hizo para el hombre un trono; para la mujer un altar. El trono exalta, el altar santifica.

El hombre es cerebro; la mujer, corazón. El cerebro fabrica luz, el corazón produce amor. La luz fecunda, el amor resucita. El hombre es genio, la mujer ángel. El genio es inmensurable, el ángel es indefinible. Se completa lo infinito, se admira lo inefable.

La aspiración del hombre es la suprema gloria; la aspiración de la mujer es la virtud extrema. La gloria hace lo grande, la virtud hace lo divino. El hombre tiene la supremacía; la mujer la preferencia. La supremacía significa la fuerza, la preferencia representa el derecho.

El hombre es fuerte por la razón; la mujer es invencible por las lágrimas. La razón convence, las lágrimas conmueven. El hombre es un código; la mujer, un evangelio. El código corrige, el evangelio perfecciona.

Feliz del hombre que tan solo por un día, sepa entender el alma de la mujer.


Copyright 1992, Armando Maronese
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Publicado por Armando Maronese; lunes, 30 de marzo de 2009


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jueves, 05 de marzo de 2009

Se nos va el amor



Las horas que pasan tan crueles me asustan. Tu ausencia se ahonda más y más, y siento que el alma se muere de frío, pues falta el cariño que ya no tendrá. . Tal vez sea cierto que cuando dos seres se encuentran queriendo buscar el amor, es el sufrimiento que marca sus pasos, y la incertidumbre se vuelve temor. . Recuerdo otros días que fueron felices, cuando las palabras gritaban pasión, hoy sólo nos queda retazos de tiempo, y en nuestro recuerdo este gran amor. . Quizás sea posible volver al comienzo, restaurar la dicha en el corazón, y será la gloria creer que es posible, sentir nuevamente aquella ilusión.
 
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Armando Maronese
2007
Publicado por Armando Maronese; jueves, 05 de marzo de 2009


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domingo, 07 de diciembre de 2008

Sabrías mi secreto



 
Si conocieras el secreto
que guardo en mi corazón,
Sabrías
quien es la dueña de ese secreto.
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Si conocieras
las melodías que escucho en mi soledad,
Sabrías
que tan loco estoy por escuchar.
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Si conocieras
mis deseos de cantar aunque no sepa,
Sabrías
como está mi corazón al desear cantar.
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Si conocieras
las ganas de tenerte junto a mí,
Sabrías
darme una pista si te agrado.
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Si conocieras
los celos que le tengo a la nada.
Sabrías
guiarme hacia la paz interior.
Si conocieras
cuanto te pienso,
Sabrías
que estoy enamorado de ti.
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Si conocieras
cuanto te amo,
sabrías
de la turbulencia en mi interior.
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Si conocieras... sabrías.

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© 2004, Armando Maronese
M, 03 de febrero de 2004



Publicado por Armando Maronese; domingo, 07 de diciembre de 2008


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domingo, 08 de febrero de 2009

Mi vida en gris



Llueve en la ciudad y estoy tan triste, que los grises se mezclan con mi alma. Cada gota que cae me recuerda el sabor amargo de las lágrimas. Camino sin sentido por las calles, sólo escucho una voz en mis oídos. Que lástima, que muerde mis entrañas, porque dice que ya todo esta perdido El murmullo de la gente ya no escucho, ni el chasquido de baldosas a mi paso, sólo siento un gran frío que se cuela, no hay abrigo que pueda soportarlo Sólo oigo un latir enloquecido de un corazón que ruge desangrado. Se deshace en cada golpe, ya se muere, mas no deja de sentir lo que ha pasado...


Armando Maronese
2007/09
Publicado por Armando Maronese; domingo, 08 de febrero de 2009


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domingo, 08 de febrero de 2009

Mi amor por tí



Amarte con mi piel y con mi sangre, amarte con la esencia de mi ser. Sentir que todo puede revelarse, bebiendo tu ternura con placer. Tu alma está puesta en tu mirada, delicia de mis horas de candor, envuelta en torbellino de palabras, me dejo deslizar hacia tu amor. La aurora trae colores de nostalgias, la noche sus matices de pasión, en este colorido me abandono, queriendo presentir tu corazón.

Quizás amor, yo nunca te lo diga, tal vez mañana tu no lo sabrás, Más quedará fundido en tu existencia, y esta historia de amor no morirá. Armando Maronese


Armando Maronese
2005/04
Publicado por Armando Maronese; domingo, 08 de febrero de 2009


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domingo, 08 de febrero de 2009

Amor negado



Camino, camino. Miro y no veo. Pudo ser mucho y fue tan poco. Es tan triste y es tan grande, pero a la vez tan pequeño.

Es tan hermosa. Ella... esa hermosa mujer que me desvive. Mi corazón vibra enloquecido cuando la veo. Tiene esos ojos color miel que me atrapan cuando me miran fijo, como ese torbellino en el mar. Pero ya no se fija en mí y me encuentro solo.

Ese amor que al final no se dio. Ese dolor que no se puede controlar... ¡como arde dentro de mí..! como duele. La ilusión se aviva y me consume lentamente. Me quema. Me hiere.

Estoy encerrado en mi soledad. La soledad es esa reja que no se ve y no me deja salir. La soledad es ese llanto que no cae por las mejillas pero duele en el alma. Hay lágrimas de tristeza y de alegría, pero no de soledad.

Ella es mi vida, ella es mi todo, pero se niega y me cierra la puerta aunque secretamente me ama. Tiene miedo. Miedo al dolor pues ha sufrido ya en épocas pasadas. Entonces, se encierra en sí misma con una capa protectora. Pero a veces me da amor, se entrega a mí y cuando lo hace, es pura ternura y pasión. Pero no deja estable su actitud y por ello no contagia su ilusión, ni su amor. Se guarda el dolor que la niega como dulzura. Su esperanza se desvanece y la sonrisa se escapa de su hermoso rostro.

Ella sabe que ese amor que no entrega en forma permanente, lleva su rostro y el mío. Tiene su voz y la mía. Tiene sus labios y los míos. Tiene sus caricias y las mías. Me falta la compañera de esperanzas y desesperanzas, de buenos y malos momentos, de alegrías y tristezas. Alguien a quien amar, abrazar, acariciar, besar, a quien extrañar, con quien reír, con quien llorar, por quien estar de otra forma..., ella unida a mi vida.

Aunque deseo tenerla entre mis brazos yo no necesito verla en presencia para amarla, pues la llevo en mi alma y muy dentro de mi corazón. Pero la veo en mi mente y escucho su suave, grave y dulce voz.

A veces, es triste y callada. A veces es risas y palabras. A veces es puro amor y pasión. Recuerdo su carita apoyada sobre mi hombro; sus ojos cerrados; su corazón latiendo acelerado.

Me tiene por entero y ella lo sabe. Porque la noche no tiene luna si ella no es la luna. Porque la tengo lejos y no es mía. Porque la llevo siempre aunque no esté conmigo. Porque la pienso sin que me piense.

El tiempo pasa y digo permanente su nombre en voz muy queda. También en silencio, para que nadie me escuche, para que nadie me la robe. Pero aunque no la tenga conmigo y esté lejos y el tiempo pase y yo diga su nombre, aunque ella no me escuche y no lo sepa, aunque no lo quiera... así la amo. No tengo nada de ella para apretar contra mi pecho en mis momentos de angustia y, entonces, en voz baja la nombro; mi voz sale entrecortada por el llanto silencioso.

Y yo la pienso y le digo: No te vayas ahora por favor, no me dejes así, sin empezar. No me dejes con todas estas frases y todos estos besos que son sólo para ti. No me dejes ahora en medio de este frío y de esta lluvia, en medio de esta calma y de esta noche; al menos permite que te hable de mi amor. Al menos escúchame y no me des la espalda y un adiós. No me dejes solo en la batalla pues quizás ésta sea la guerra para ganar. Escucha mi voz y deja que mis manos se expliquen mejor, en medio de esta noche y de este amor. No te vayas ahora. Ahora no.

Sin ella nada no tengo nada. Quizás, algún día, ella quiera que mi corazón, despierte para recibir su amor. Quizás, algún día, ella quiera tenderme su mano, dispuesta a compartir. Quizás algún día quiera que mis ojos vuelvan a admirar su belleza. Si ello sucediera, le abriría las rojas puertas de mi herida, para que penetre en lo más profundo de mi ser; que perciba la luz de mi alma y la fuerza de mi corazón destruyendo al dolor.

Donde hubo fuego sábanas gastadas quedan. Donde hubo amor sólo dolor. De no tenerla queda, y en medio de este tiempo, tiempo de no tenerla. Tiempo de soledad sin estar solo; tiempo de risas sin alegría. Y en medio de todo esto, sólo escucho su suave voz.

¿Y qué haría ella sin mis dudas, sin mis enfados y mis manos? Sin preguntas, sin respuestas. Sin respuesta a sus preguntas. ¿Y que haría sin mi voz, sin mi roce en su cabello, sin mi risa de sus bromas, sin mi forma de mirarla?

¿Y qué haría yo? Repartido entre las sombras. Descansando entre mis penas. Robándole palabras. Acechándola en el día. Transpirándola en la noche. Pintando de colores su luna y recorriendo sus volcanes.

¿Y como podría vivir de otra manera? Sin tenerla aquí bajo un cielo gris o luminoso. Sin poner rubor en sus mejillas. Sin que me tenga y sin tenerla mía. Y mojarnos juntos y querernos juntos. Sin verla alejarse y sin preocuparme. Y verla de cerca y querer besarla. Y verla bailar y al final del día poderla cobijar.

Este hoy con toda mi soledad, sin alegrías, con muchos pesares, es mi vida, es lo único que tengo. Pero no puedo conformarme con eso. Necesito que ella venga a mí; lo necesito como el aire que respiro, pues sin ella es ir muriendo poco a poco. Distingo el olor de las flores, de las cosas, el olor del mar y... el olor de su piel que conservo como un tesoro, cada vez que la recuerdo.

Y pasan los días y pasan las noches y yo sigo aquí pensando en sus ojos; esperando que llame y oír su risa, esperando un momento para darle un beso, queriendo abrazarla y decirle cuanto la amo...

Y hoy la veo tan lejos y la siento fría, y quisiera llevarla lejos de esta brisa, lejos de sus sueños, y poder llenarla de mil alegrías y sentirla cerca y tenerla mía...

Y pasan las noches y pasan los días, y se van los soles y se van las lluvias, y el Tiempo no para y es solo un pretexto para recordarle que hoy también... la amo.

Aunque amo los colores, hoy para mí todo es gris, salvo cuando pienso en sus ojos color miel. Amo sus ojos, la amo a ella entera. Amo su boca pequeña y quiero besarla; amo su piel y quiero olerla y besarla. Quiero lamerla. Mi beso es una sed loca que no la sacia el beber; sólo lo haría su boca si tuviera la misma sed... La siento tan cerca pero no la veo.

Extraño su boca, su lengua, sus ojos amorosos, su desesperación y pienso que los instantes perdidos son irrecuperables. La vida puede y deber ser vivida con lo que se nos presenta ahora, en el presente. Puede ser serena, puede ser competitiva, puede ser alegre, puede ser triste, pero siempre los momentos presentes son irrecuperables.

Si ella me amara, me devolvería la vida. Me devolvería la dicha de ver, de contemplar. Podríamos ver juntos el mar, las estrellas, la luna, el sol, las flores, la vida. Para amar vivimos y sin amor la vida no existe. Sólo quien ama vive. Si me ama, sabré que todo aquello que florezca en mí llevará su marca para siempre.

Y si decide no amarme, entonces seguiré encerrado en mi soledad; pero sabré sin que me dé cuenta, que en mi interior habrá claridad; mi boca estará sellada pero el deseo de besarla se encontrará latente; mi corazón estará frío pero sé que seguirán mis latidos para amarla.

Recuerdo un escrito de Rabindranath Tagore, poeta indio, que dice:
"Si de noche lloras porque se ha ido el sol, tampoco podrás ver las estrellas".

A veces, se hace demasiado difícil poder ver las estrellas. El ser humano, eternamente insatisfecho, padece cuando no tiene nada y también padece cuando tiene demasiado. ¿Es bueno dar demasiado amor?¿Hasta cuándo? ¿Hasta cuándo ella dejará escapar lo que tenemos buscando lo que tampoco disfrutaremos? ¿Y hasta cuándo seguirá pensando que es tarde, que ya no hay oportunidad y que puede sufrir? Pienso que es mejor sufrir amando que vivir vacío. Sin ella todo me falta. Me falta la vida.


Armando Maronese
2009/01/30- 2009/02/07
Publicado por Armando Maronese; domingo, 08 de febrero de 2009


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martes, 03 de febrero de 2009

Me estoy sientiendo así, marcado a fuego.




Me estoy sintiendo así, marcado a fuego. Por tus besos, tus caricias y ternura. Dejo que mi alma vuele hacia tu encuentro Para fundirse cual metal junto a la tuya . Este río de amor que me recorre, Surca mi cuerpo y nubla mis sentidos, Mi razón no entiende todo esto que siento Sólo sabe que te quiero toda mía . Con mis manos yo te alcanzo entre las sombras Y te acerco hacia mí con ansias locas Te recorro con mis labios afiebrados inundados de pasión que los desborda. . Armando Maronese


Armando Maronese
Publicado por Armando Maronese; martes, 03 de febrero de 2009


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