sábado, 16 de enero de 2010
Amor, ya no te extraño
Amor, ya no te extraño,
porque siempre te encuentro
en la nube viajera, en la estrella distante,
en las Tres Marías, en el rumor de las olas.
Te encuentro cuando vas al mar
o simplemente a las playas donde vivo,
en el viviente centro de la flor que eclosiona,
en el áureo levante.
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Amor, ya no te busco, porque te llevo dentro
con la impasible luna, con el sol abrasante,
con el fulgor de afuera y la sombra de adentro,
la inmortal rosa y el azahar fragante.
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Amor, ya no te extraño, porque
estás conmigo siempre: te tenga o no te tenga.
Te siento a mi lado aunque te encuentres lejos,
en el fondo del alma.
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No te retengo para advertir recién entonces,
de la medida en que te amo ahora, que voy para viejo.
Mi amor traspasa los bordes de la vida,
mucho más allá de tu comprensión.
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Recuerda entonces que siempre serás mía.
No importa tu mente, importa la mía.
No importan tus esfuerzos
porque siempre estaré en ti.
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No importa la distancia, no importan tus amores,
no importa tu deseo de alejarte,
porque sé que en el fondo de tu mente,
siempre estaré y tus ojos se humedecerán.
Armando Maronese
2007/12/13-2010/01/16
Publicado por Armando Maronese;
sábado, 16 de enero de 2010

jueves, 07 de enero de 2010
Sólo nos basta ...

A ti mujer, que te vistieron con pollera y te llamaron sexo débil. Niña eterna y errante, en un mundo de hombres que enjuicia y discrimina sin comprender. Nido de vida, capullo de un todo. De ese todo, que a cada instante se realimenta de lo esencial de la vida. Toma un espejo y mírate. Descúbrete al recorrer el mapa de tu rostro. Descúbrete al recorrer el mapa de tu cuerpo. Quizás encuentres secuelas del paso de los años ¿Y qué importa si ya no está todo como quisieras? Lo más importante siempre lo tendrás.
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Alégrate al escuchar esa voz que susurra desde tu interior diciéndote que eres el resultado de tu propia historia, que el camino no ha sido en vano ¿De qué sirve el estado de lo de afuera, si lo que es, no siempre es lo que ves? La sabiduría en los pequeños actos, eso que sale a flote después de hacer el amor y el amor incondicional, no se vende en el mercado.
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Costilla de nadie, levanta tu mirada, sonríele a la vida y sigue a tu corazón. Eres la mejor obra de arte sobre la tierra. Sin rótulos. Eres Mujer. Y eso, para admirarte, sólo nos basta. Y eso, para amarte, es volar al cielo.
Armando Maronese
1994/04/07
Publicado por Armando Maronese;
jueves, 07 de enero de 2010

jueves, 24 de diciembre de 2009
Reflexión sobre la Navidad
Mucho se ha hablado de la Noche Buena y la Navidad. Mucho se ha hablado pero ya no es como antes. Recuerdo cuando niño lo que era la Noche Buena. Una cena sobria en una reunión íntima familiar. Luego, la Misa de Gallo a las doce de la noche. La Navidad era una fiesta de recogimiento y de alegría sobre su significado. Ya nada es igual y se la compara y festeja tal cual como el fin de año. Se ha perdido lo más valioso, lo más importante.
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Navidad, palabra que engloba alegría, reconciliación, paz, amor. Eso es la verdadera Navidad. Miro a mi alrededor y veo al mundo enloquecer por la preocupación de la Navidad, y pienso:
.¿Cuándo perdimos el verdadero sentido de lo que es la Navidad? ¿En qué momento nos desviamos de esa maravillosa energía?
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El mes de Diciembre siempre ha tenido la connotación amorosa, la representación del renacer del ser, inmutable y sereno, pero el individuo humano se ha dado a la tarea de hacer de este tiempo un tiempo de mercadeo, de peso, de conflicto, de tristeza, de dolor por no poder dar a los suyos una representación de su afecto.
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Realmente esto no es así. El amor se entrega a través de un abrazo, de un beso, de una caricia. Nosotros hemos etiquetado el amor en una joya, en un vestido, en un juguete... es por ello que la Navidad ha perdido su sentido. Se valora más lo material que lo espiritual.
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La unión familiar no se expresa de la manera adecuada. Estamos en unión pero no lo estamos. Nuestros niños tienen los juguetes, pero no tienen los padres que jueguen con ellos, porque están ocupados en sus conversaciones de adultos.
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Los niños se meten en sus mundos de juegos y sus padres en sus mundos de adultos y la familia va tomando una connotación, de tú en tu mundo y yo en el mío. Una separación, una división.
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Creemos mantener una vida perfecta y en el momento menos oportuno nos damos cuenta que ya no tenemos nada, que estamos caminando solos en la vía de la vida, que los demás se quedaron atrás o yo me quedé atrás. El egoísmo es el que marca el sendero.
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Todo esto es parte del deterioro del nosotros mismos. Vinimos a un mundo a crearlo en amor y, nos hemos perdido en una destrucción de valores.
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No existe el respeto de los espacios entre nosotros, la libertad se ha confundido y el niño se siente abandonado y recurre a algo que llene su tiempo.
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Levanta tu mirada al cielo y observa las nubes pasar con la brisa. Siente la brisa mover tus cabellos, observa el verdor de las montañas, el color de las flores, el aroma de la tierra mojada, el baile de los árboles con la brisa, la roca que a pesar que no se mueve, se hace sentir.
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Todo esto nos lo dieron para cuidarlo. Y nosotros ¿Qué estamos haciendo con ellos? Somos ciegos hasta que vemos que en el plan humano nada vale la pena hacer sino hace al hombre.
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¿Por qué construir ciudades gloriosas, si el hombre mismo sin construirse queda? En vano construimos el mundo, si el constructor no es construido. ¿De qué nos valen centros comerciales hermosos, si nuestros hijos están derrumbándose ante las drogas, el alcohol y los videos juegos? ¿De qué nos vale desarrollo si en nuestros corazones nos endurecemos y dejamos de percibir la belleza del amor y la unión familiar?
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Los grandes líderes son los que entienden. Que su responsabilidad número uno es con su propia disciplina y desarrollo personal.
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Si no te diriges a ti mismo no podrás dirigir a los demás. Nadie puede llevar a otros más allá de lo que se ha podido llevar a sí mismo. No trates de decirle a tu hijo que no consuma licor, si tú tienes varias copas en tu cuerpo. No trates de sacarlo de las drogas con un cigarrillo en tu boca. Da el ejemplo.
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Que en esta Navidad sea tu propósito el comenzar a construir una verdadera familia. Que el tiempo sea compartido entre tus responsabilidades laborales y la responsabilidad de tu hogar.
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Que tu vida deje de ser tan monótona y fría y se llene de paz y calor, a través del amor incondicional a los tuyos y a los que te rodean, como a tus verdaderos amigos.
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Es mi intención que en esta Navidad, todo aquel que necesite el amor le sea entregado a través de un abrazo y un beso. Que no se quede ningún niño sin el amor de sus padres.
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Reconcíliate contigo mismo, entrégate y sé como realmente eres: Esencia pura de amor divino.
© 1992, Armando Maronese
Jueves, 24 de diciembre de 1992
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Armando Maronese
Publicado por Armando Maronese;
jueves, 24 de diciembre de 2009

sábado, 28 de noviembre de 2009
Creo en mí
Creo que el Cielo y la Luna son míos. Creo que el mar es mío. Creo en muchas cosas, pero no creo en la princesa divina. No creo que todos los momentos de la vida sean felices, ni que la alegría sea eterna.
Pero creo en mí, en mis ganas de lograrlo y en mi fuerza por mejorar y seguir creyendo que las situaciones sí pueden cambiarse, y conseguir términos medios en vez de llegar a los extremos…
Creo en mi alma de niño y en mi alma de hombre curtido por el tiempo y los sinsabores de la vida, y en las ilusiones y los sueños que perdí en el camino y volví a tener en la vida, sin importarme cuántas veces se vieron entorpecidos por tristes realidades…
Creo en luchar por lo que siento, con todas mis fuerzas, en defender mis sueños y en jugarme por la gente que quiero y amo, mientras sigo transitando en los vaivenes del tiempo.
Creo en el leer en los ojos de alguien que quiero, ver un sentimiento; creo en emocionarme aún con un gesto.
Creo que pueda haber alguien que también crea lo que sienta y lo que yo siento, que quiera lo que yo quiero, y que se anime a proponerme caminar por esta vida, juntos, sin miedos…
Creo en una mujer sensible, que no pierda la capacidad de asombro, de juego, de sueño…
Creo en una mujer que trate de demostrar lo que siente ante mí aunque le dé vergüenza; que no disfrace su afecto por mí con negligencia; que no se sienta asfixiada o atrapada por amarme, o mi mitad en vez de un entero, o quizás coartada en su libertad, porque la libertad es interna…
Creo en una mujer que no intelectualice su afecto por mí, que exprese lo que siente y trate de no herirme, al menos, conscientemente.
Creo en una mujer que si yo la llamo, le digo que la extraño o la amo, no se sienta acosada, porque el amor es espontáneo y no premeditado…
Creo en una mujer que pueda ver la belleza en una flor, que no pierda la pasión y que quiera luchar conmigo cuando lleguen los momentos de tensión o de dolor…
Creo en una mujer que me respete más allá de mis conceptos o ideales, que sea mi amiga, que pueda escucharme y entender mis tiempos. Creo en una mujer que no le tenga miedo al amor, al compromiso de estar juntos los dos…
No creo en la princesa divina. No creo en la perfección, y sé que muchas veces los finales no son felices, pero si tu crees en mí, yo creo en ti...
Armando Maronese
1987/09/11
Publicado por Armando Maronese;
sábado, 28 de noviembre de 2009

miércoles, 25 de noviembre de 2009
Antes de morir, déjame ser tuyo.
La música le llegó flotando, envolviéndola desde una distancia imprecisa, suave, cadenciosa. Una guitarra y una voz. Nada más. El sonido cristalino de una guitarra y una voz bien atimbrada, cargada de matices, flujos y reflujos. Una combinación perfecta y casi absurda.
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Absurda allí, en mitad de ninguna parte.
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Se detuvo, buscó arriba y abajo, se orientó. El Rosedal se convertía de pronto en una suerte de anfiteatro cargado de ecos. Nadie, salvo ella, parecía darse cuenta de la música, una banda sonora que flotaba por encima de sus cabezas. La gente caminaba como todos los días y a lo largo de todas las horas, en la isla vegetal aislada de la gran ciudad. Parejas sosteniéndose el uno al otro como si fueran a caerse, incapaces ya de seguir solos por la senda de la vida; matrimonios jóvenes empujando cochecitos o jugando con sus hijos pequeños; parejas maduras dando el enésimo paseo de su historia bajo el silencio de la calma; parejas y no parejas de ancianos sentados en los bancos y las sillas, atentos al mejor de los programas posibles: la vida. Turistas de todos los colores...
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¿Cuánto hacía que no paseaba por El Rosedal? ¿Una eternidad? ¿Y cuánto hacía que no escuchaba una voz y una guitarra en la calle o en el subte? No tanto en realidad. Buscaba algo.
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Sabía que se escondían allí ¿Y qué? Voces y sonidos que apenas nadie escuchaba y menos ella. El mundo estaba lleno de sombras. Nunca paseaba, ni por El Rosedal ni por ninguna parte en realidad o escasas veces... Y nunca bajaba hasta las entrañas de la ciudad para tomar el subte.
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Nunca hasta ese momento.
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Por lo menos creía en el destino. Por eso venía a buscar algo que había escuchado y visto.
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Como Ulises frente al canto de las sirenas, aunque en este caso vencida por ellas, caminó atrapada y atraída por la canción, y se dio cuenta que ahí estaba lo que buscaba. Palermo... El Rosedal arriba, en dirección al paseo de los amantes.
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Escuchó una frase nítida:
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Antes de dormir, déjame que entre en ti.
Antes de despertar, déjame que entre en ti.
Antes de morir, déjame vivir en ti.
Déjame, déjame, déjame que lo intente hasta el fin.
Déjame ser tu amante esta noche.
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El músico estaba sentado en un ángulo de la glorieta, de cara a los paseantes y dando la espalda al lago. Inclinado sobre su guitarra, una preciosa Ovation acústica... no se le veía la cara. Vestía con la informalidad de todos los jóvenes, pero con cierto descuido y un dejo trasnochado. Camisa, vaqueros, el símbolo de la paz recuperado después de los años hippies; cabello ligeramente abundante y despeinado. Su corazón latió fuerte. Estaba. En lo primero que se fijó fue en sus manos. Dedos largos y finos. Manos de guitarrista. Tenía la funda de la guitarra abierta al frente y en ella, varias monedas.
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No se detuvo delante de él. Siguió caminando, aunque sin alejarse demasiado y mirando de reojo. Lo hizo a unos diez metros, distancia suficiente para escuchar y ver sin ser notada. La canción continuaba fluyendo con armónica presencia. Una canción que no conocía, podía jurarlo.
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Si de algo podía presumir, era de conocerlas todas. Así que se trataba de un tema inédito, original. Le capturó la fuerza de otras estrofas, otras frases que la hicieron temblar:
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Déjame ser tu amante esta noche.
Déjame ser tuyo el resto de tus días.
Me alimento de ternuras y esos besos,
que se rompen y nos lavan las heridas,
como imágenes de amor en los espejos.
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Déjame ser tu amante esta noche.
Y dormir en el silencio de esos gritos.
dejar en tus quebradas estas huellas,
para amarte con mis dedos ya marchitos,
y soñarte mientras tocas las estrellas.
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Déjame ser tu amante esta noche.
Como fuimos en mil vidas ya pasadas.
Geografía del amor que vivo y canto,
en tu cuerpo mil pasiones no gastadas.
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Al terminar la canción, larga, densa, llena de sólidas estrofas perfectamente engarzadas y después de repetir el estribillo, el músico levantó la cabeza y pudo verle el rostro. Casi sonrió tan externamente, como lo hizo internamente. Ella lo miró y le calculó entre veintidós y veinticuatro años. Era atractivo. Más que atractivo. Cualquier chica lo consideraría guapo. Nariz recta, labios sensuales, ojos limpios, expresión abierta...
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No era posible. Tanto y tan bueno... pero no podía... Lo volvió a encontrar, pero no podía...
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Continuó quieta, prescindiendo del mundo entero y más de la hora. Quieta y escuchando las nuevas canciones del músico callejero, todas inéditas, todas propias, todas originales. Quieta y absorbiendo las letras, los conceptos, las ideas. Quieta mientras el mundo danzaba a su alrededor sin darse cuenta de nada, porque ella y sólo ella podía en un momento como aquel, percibir la realidad:
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Que allí, a unos metros, tal vez estuviera naciendo su estrella.
Armando Maronese
1999/11/03
Publicado por Armando Maronese;
miércoles, 25 de noviembre de 2009

viernes, 13 de noviembre de 2009
Tu secreto
¡De todo te olvidas! Anoche dejaste
aquí sobre el piano, que ya jamás tocas,
un poco de tu alma de muchacha enferma:
un libro, vedado, de tiernas memorias.
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Íntimas memorias. Yo lo abrí, al descuido,
y supe, sonriendo, tu pena más honda,
el dulce secreto que no diré a nadie:
a nadie interesa saber que me nombras.
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... Ven, llévate el libro, distraída llena
de luz y de ensueño. Romántica loca...
¡Dejar tus amores ahí, sobre el piano!
... De todo te olvidas ¡Cabeza de novia!
Evaristo Carriego (1883-1912)
Publicado por Armando Maronese;
viernes, 13 de noviembre de 2009

martes, 10 de noviembre de 2009
La luna y el amor
Yo no me oculto pues no es mi modo.
Como la luna que adorna la noche,
puedo estar tras las nubes un momento,
compartiendo con ellas codo a codo.
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Lo de luna menguante es una forma.
Una simple posición de nuestro mundo.
Ella sigue brillando eternamente
dándonos siempre su luz eterna.
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No me oculto ni me escondo de la luna,
ni de ti, ni de mí, ni de las estrellas.
Pobres son los que al amar,
puedan no ser subyugados por ella.
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No ama el que no deja huella.
El amor es entrega y renunciamiento.
Es comprender lo que dicen sus ojos
y al amar o eres de ella o no eres de ella.
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Noche en la noche, luz de luna,
el murmullo del mar muere en la arena,
la pasión en nuestros labios.
Amor ¿Oyes ese canto lejano?
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La noche está estrellada e insinuante
y la mágica luna brilla sobre nosotros.
Como el viento, acaricio tus labios
y tu mirada se cruza con la mía.
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La noche estrellada y la luna nos atrapa,
y florecen nuestros más hermosos sentimientos.
En el camino recorrido de la vida,
nunca se pierde cuando se está amando.
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La noche está estrellada y la luna nos observa,
mientras besamos nuestros labios entreabiertos.
El latir de nuestros corazones se acelera.
¡Ay! Quisiera gritar al mundo que te amo.
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Por mi corazón
y por un millón de razones más.
Armando Maronese
Publicado por Armando Maronese;
martes, 10 de noviembre de 2009

martes, 20 de octubre de 2009
Esa mujer...
¿Podré subir
donde mi mente llega?
Me gusta la luna solitaria,
también la azulada tierra.
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En algún lugar lejano,
rocoso y de nombre olvidado,
vive una mujer
que convive con mis recuerdos.
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¿Podré llegar
donde no alcanzan mis manos?
Si está tan lejos y tan difuso,
será para no alcanzarlo.
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En la luna sonriente,
en la cara olvidada,
en la sombría soledad,
vive una mujer, sola y enamorada.
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¿Podré luchar
por lo que no consiguen mis armas?
Aunque aquí se está muy bien,
ella está sola y la amo.
.
En la luna taciturna,
miembro de otrora tripulación,
vive una mujer
que no cree en mi amor.
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¿Podré olvidar
lo que quiere mi corazón?
Mi corazón no es malo
¿Me tiene que esperar algo mejor?
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Esa mujer enamorada
de un hombre con corazón.
¿Cómo haría ella
para olvidarlo sin más?
.....
Porque yo esté sola
no quiero comprensión.
Yo le quiero mucho, pero...
¿Él me quiere? A lo mejor…
.....
Perdona, mujer, mi tonta.
Yo soy el narrador.
Él te ama, y nunca
te dirá que no.
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Entonces ¿Qué es lo que
debo hacer? ¿Lo mejor te dices?
Lo mejor es el olvido.
Inténtalo y no sentirás amor.
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Es tan fácil para una mujer
llegar a olvidar,
y no sentir amor,
ni pensar en él.
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Pero si es eso lo que sientes,
eso y algo de rencor,
por haber abierto una vez el corazón,
si no puedo olvidarte ¿Qué haré yo?
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Solo la luna, las estrellas
y el enamorado narrador,
fueron partícipes de
la entrega de tu amor.
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Adiós luna,
adiós narrador.
Adiós mujer soñada.
Tonta. Adiós.
Armando Maronese
2003/10/10
Publicado por Armando Maronese;
martes, 20 de octubre de 2009

miércoles, 08 de julio de 2009
El tiempo pasa...
El tiempo... ¡Ay amigo! ¡Cómo pasa el tiempo! Uno casi siempre se lamenta de eso, pero no tenemos en cuenta que lo que vale en realidad, es haber disfrutado plenamente de los pequeños momentos de la vida. Pues la vida se compone de momentos ¿No?
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Los años vividos no han dando la experiencia..., la experiencia que imponen los años. Lindo sería ser joven con experiencia. Sería bueno eso, pero no se da así. Uno ya, antes de dar un paso, sabe si algo saldrá mal o no, cosa que no les pasa a los jóvenes.
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Y si pensamos bien, uno debería nacer ya con ese sentido de la vida que le permita no equivocarse tan fácilmente. Muchas cosas andarían mejor..., el amor, los negocios, la educación de los hijos, etc.
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Y como muchas veces dice aquel viejo nostálgico y romántico, que suele navegar, le agrada pescar y pasar tiempo en el campo, junto a su querido caballo y además..., mirar a esas mujeres bonitas que Dios nos ha dado..., ¿Pues tu sabrás que la mujer es lo más hermoso que Dios a hecho en este mundo, no? Pues así es... y él suele decir...
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El tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos; ah! pero el amor lo reflejo como ayer, en cada conversación, en cada beso, en cada abrazo, y se impone siempre un pedazo de razón.
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Pasan los años y cómo cambia lo que yo siento, lo que ayer creía que era amor se va volviendo otro sentimiento. ¡Se vuelve amor!. Porque años atrás, tomar una mano, robar un beso, sin forzar un momento, formaban parte de una verdad.
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Ahora, vamos viviendo, viendo las horas que van muriendo, las mismas discusiones se van perdiendo entre las razones.
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Ellas a todo dicen que sí, yo a nada digo que no, para poder construir la tremenda armonía que pone en resonancia a los corazones.
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Porque el tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos; ah! pero el amor lo reflejo como ayer, en cada conversación, en cada beso, en cada abrazo, y se impone siempre un pedazo de razón.
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El tiempo pasa y la vida se nos va. El tiempo pasa y nos da experiencia ¿No es así? Pero hay algo que no nos da, y es el poder dominar nuestros sentimientos y como yo no pertenezco a una sociedad machista, a veces..., lloro.
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Recuerdo... Que me acerqué con la curiosidad de los inocentes, tratando de disimular mi curiosidad. Como los distraídos que miran al azar y que, como por descuido, buscan encontrar un rostro entre la gente. Los recuerdos surgieron sin poder contenerlos. Las imágenes, difusas por el paso del tiempo, volvieron a mi mente como si hubieran ocurrido ayer. Quería equivocarme, pero al mismo tiempo deseaba que fuera realidad. Sentí un ardor intenso en el pecho mientras me daba cuenta que la volvía a ver..., después de tanto tiempo. La volvía a ver y mi sangre comenzó a bullir ardorosamente. Mi fuego nunca se extingue.
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Mi mirada se proyectó directamente hacia su mente, tratando de conmover sus pensamientos. Estaba sentada, esbelta, hermosa, a la mesa de la cafetería. Vestía elegantemente, como siempre, cuidando hasta los mínimos detalles. Con su singular delicadeza se dirigió al mozo para pedir un café.
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Mientras simulaba acomodar sus gafas, miró de reojo, como si hubiera sentido la intensidad ardorosa de mi mirada. Un gesto de asombro y de incredulidad se dibujó en su perfecto rostro. Sin darme cuenta, dirigí mi pasos hacia ella. Una suave sonrisa se dibujó en su rostro. Me ubiqué en la silla, sin preguntar, como los que no necesitan excusas para hacerlo. Nos miramos tratando de contener el tiempo y de decirnos tantas cosas en un instante.
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Tenía algo distinto. Me pareció que sus ojos no brillaban con la misma intensidad de antes. Intentó disimularlo, pero la descubrí por mi experiencia de viejo. Muchas veces imaginé este momento y las palabras que le diría..., sin embargo, no puedo componer las frases tantas veces ensayadas.
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- ¿Cómo estás? preguntaste, mientras me contemplabas. Suspiré profundamente tratando de armar una respuesta lógica, pero sincera, y sólo atine a decir:
- ¿Cuándo volviste...?
- Hace unos días, pero... estoy de paso- me dijo.
- Te ves muy bien..., quizás un poco triste.
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Se acomodó el cuello de la campera y con un tono de resignación musitó:
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- Es la vida..., que no perdona los errores - contestó.
- Muchas veces intenté saber de ti..
- ¿Por qué no viniste a mi encuentro? – dijo ella.
- No sabía si debía...
- Te necesité..., te extrañé – dijo mirándome fijamente a los ojos..
- Me pediste que no te siguiera. Muchas noches mis lágrimas humedecieron tu nombre. Me dejaste hecho trizas...
- Nunca dejé de amarte – Y volvió a mirarme.
- Nunca pude olvidarte.
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Nuestras manos no pudieron evitar encontrarse y con los dedos entrelazados, permanecimos intercambiando la sensaciones de tanto tiempo perdido.
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- ¿Por qué te fuiste así? – me dijo.
- Te amé con tantas fuerzas que tuve miedo..., miedo de asfixiarte, de anularte.
- Me privaste del derecho de elegir. Lo hubiéramos intentado - contestó. Quise encontrarte en otras miradas, en otras caricias, en otros besos. Un día supe..., que nunca sería igual.
- Y ahora, ¿aprendiste a querer sin comparar? – le respondí.
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Hurgó en su cartera y sacó un pañuelo, mientras su rostro se compungía. Una nube de dolor cubrió su mirada y con el tono muy bajo, dijo:
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- No puedo quererlo como él se lo merece. Me cuida, me protege y me da toda lo mejor de su sentimientos..., pero no sé cómo corresponderlo.
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Las lágrimas brotaron de sus lánguidos y tristes ojos, pero muy hermosos.
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- Me enteré por accidente que sus negocios no andan muy bien. Y no me lo dijo.
- Cada día se esfuerza por..., ser mejor. No sé qué hacer, estoy muy confundida.
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La tomé de las manos y como aquel que sólo puede comprender, le dije:
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- Haz el esfuerzo de amarlo, tratando de que, por lo menos, ambos sean felices.
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Miró disimuladamente su reloj, y lentamente se incorporó..
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- Debo partir...
- Donde estés, te recordare.
- Voy a necesitarte...
- Invoca mi nombre y estaré contigo.
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La vi partir, otra vez, pero sentí que ya no la volvería a encontrar. Los sonidos de la ciudad me envolvieron hasta que desapareció entre la gente.
............
- ¡Abuelito, abuelito...! Ya volví..., me interrumpió una vocecita de ocho años, que corría agitado hacia mí.
- ¿Estás llorando?, me preguntó sorprendido. Cuando murió la mamá de mi amiguito me dijiste que algunas personas no pueden llorar.
- Me equivoqué, querido mío... ¡me equivoqué!
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Amigo..., el tiempo pasa.
Armando Maronese
2007/03/12
Publicado por Armando Maronese;
miércoles, 08 de julio de 2009

martes, 07 de julio de 2009
Lágrimas de amor
Nunca hagas florecer una sonrisa diciendo "Te Amo", para después hacer rodar una lágrima diciendo: "Olvídame".
Simplemente porque eso no se hace y además, porque el amor es más bonito que una ilusión y por tu mejilla podría rodar una lágrima idéntica a la de alguien que ya lloró por ti.
Recuerda que la verdadera lágrima no es la que cae de los ojos y resbala por la cara, sino la que duele en el corazón y resbala por el alma; y esas lágrimas no necesitarán ser recordadas porque de ellas uno nunca se olvidará.
Recordar es fácil para quién tiene memoria. Olvidar es difícil para quién tiene corazón. Quien sabe amar, jamás hace sufrir.
Algunas personas vienen a nuestras vidas y rápidamente se van. Algunas personas se convierten en amigos y permanecen por un tiempo, dejando huellas hermosas en nuestros corazones y por ellas nunca volvemos a ser igual, porque hemos tenido al lado nuestro otro corazón que vibró junto al nuestro.
Ayer es historia... Mañana es un misterio... Hoy es un regalo... Es por ello que es llamado... El Presente. Creo que esta vida es especial, por eso hay que respetarla.
Te sientes solo, sola?. Mira a tu alrededor y encontrarás mucha gente esperando tu sonrisa para acercarse más a ti. Asunto sellado con el corazón.
Somos amigos o no? Una vez me lo dijiste, pero se me olvidó. Así que dímelo otra vez pero con la verdad, de modo que yo pueda decir: Acá estoy para ti.
De todos los amigos que he llegado a conocer, tu eres a quién no olvidaré y si muero antes que tú, iré al cielo y allí te esperaré.
Armando Maronese
2009/07/06
Publicado por Armando Maronese;
martes, 07 de julio de 2009
